Navegando por Internet he encontrado algunos interesantes debates sobre la pronunciación de la x en el español, donde sobresalen términos como ‘Don Quixote‘ o ‘México‘, los cuales se deben pronunciar como si tuviese una J, esto es, como ‘Don Quijote‘ o ‘Méjico‘. Aunque aquí tenemos la primera diferencia porque, en escritos contemporáneos, encontramos ‘Don Quijote‘ pero no ‘Méjico‘. Esto es porque la evolución fonética en España ha sido diferente que en el país de las pirámides.

Una buena explicación la encontramos en la Wikipedia en español, que es la siguiente:

En español medieval, la x era una letra muy común y se pronunciaba como el sonido “sh” del inglés en shame o “ch” del francés en cheval, /ʃ/). Posteriormente, la fricativa postalveolar sorda /ʃ/ se transformó en el sonido velar correspondiente a la j actual /x/. Este cambio de lugar de articulación se extendió progresivamente a finales del siglo XVI y se hizo normal hacia la mitad del siglo XVII. Dicho cambio fonológico formó parte de un reajuste del sistema consonántico que provocó la desaparición casi todas las consonantes sibilantes que existían en el castellano antiguo, como las africadas /dz/ y /ts/, así como /z/, /ʒ/ y /ʃ/; dizer /dz/ ó /z/ (actualmente decir /θ/ ó /s/), cabeça /ts/ (actualmente cabeza /θ/ o /s/), cosa /z/ (actualmente cosa /s/), ge /ʒ/ (actualmente se /s/), coxo /ʃ/ (actualmente cojo /x/).

Este cambio en la pronunciación provocó varias reformas ortográficas en el siglo XVIII y principios del XIX, por las que se pasó de x /ʃ/ a j /x/. En el castellano antiguo se escribía Don Quixote, Xavier o Ximénez, que pasaron a grafiarse Don Quijote, Javier y Jiménez.

Este cambio en la grafía tuvo como excepciones algunas palabras con arraigo cultural como México, Texas, Oaxaca, Xerez o la comarca de la Axarquía en Málaga, España, arcaísmos que son aceptados por la Real Academia como formas alternativas a las grafías modernas; en cualquier caso, la x en estas palabras ha de ser pronunciada como una j /x/.