Conozco la canción “El topo” de Javier Krahe. Y como la mayoría de las letras de Krahe, el oyente puede comprender la canción en su extensión más metafórica o sencillamente como una divertida historieta en sentido literal.

topo

La canción habla sobre un topo. Harto de vivir en su nido bajo tierra, en el que no conoce más mundo que una patata y a alguna lombriz y donde no ve más alla de sus narices, decide salir a la calle y conocer el mundo real. Era de noche cuando el topo salió, por lo que aquello no era muy diferente a su nido, sin embargo se asustó con la luz cegadora de la luna en cuarto menguante y regresó a su topero para no salir nunca más.

Al leer éste cuento puedes tener dos reacciones. La primera reacción es sonreir por la situación del pobre topo y no razonar mucho más. La segunda reacción es preocuparte por el símil que existe con los humanos.
Yo, cuando la escuché por primera vez me imaginé al topo tapandose los ojos y correteando hacia el nido. La segunda vez que la escuché puse más atención y me dí cuenta del trasfondo filosófico que entrañaba.
Ese trasfondo del que hablo es el relacionado con el mito de la caverna de Platón, que, explicado con mis palabras y para que nos entendamos en este contexto, viene a decir que el ser humano tiene dos opciones a la hora de buscar la verdad: una opción es aceptar como verdad lo que escucha a autoridades tales como el gobierno o los medios de (in)comunicación, es decir, sólo usa los sentidos como fuente del conocimiento y no razona la información adquirida. La otra opción (y para mí la más correcta) para la búsqueda de la verdad es ser desconfiado por naturaleza, la persona que desconfía no descansará hasta comprobar si la información que ha recibido es verídica o se trata de un burdo insulto a la inteligencia.

Por eso hablo de los Hombres-Topo, esa raza humana que no ve más allá de sus propias narices y sólo trata de sacar su vida adelante sin preocuparse de la sociedad que le rodea. Una sociedad en la que todos dicen ser solidarios. Una sociedad que se queja de lo que esté de moda quejarse pero nunca se lo toma en serio, en general se cumple el “mucho ruido y pocas nueces”.
Es bueno que a veces uses tus ojos. Pero procura que la luz no te deslumbre. Intenta pensar de vez en cuando en temas que, aunque pienses que no, te incumben.