Un ciclista es una persona que desde muy joven deja de lado muchas cosas para luchar por un sueño, por mucho esfuerzo que le cueste. Como cualquier deportista, está obligado a madurar desde muy pequeño a una velocidad mayor que la gente de su edad porque de lo contrario corre el riesgo de que se le pase el arroz… Mientras muchos están de botellón, el ciclista está en su casa cuidándose.

Un ciclista sale a entrenar todos los días, domingos y festivos inclusive. Aunque le duelan las piernas y el cuerpo debido a la paliza del día anterior. Aunque llueva y llegue a casa empapado jugándose el caer enfermo. Aunque haga tanto frío que llegue a casa sin apenas sensibilidad en los dedos de las manos. Aunque haga tanto calor que llegue a casa al borde de la insolación. Aunque haga tanto viento que cada hora de entrenamiento parezca interminable. Aunque se juegue la vida en la carretera y no sea respetado por la mayoría de los conductores, los cuales no se paran a pensar que el ciclista también paga sus impuestos para poder utilizar las carreteras y que su única protección es su propio cuerpo (¿se comportan igual los conductores con los tractores que invaden los arcenes?).

Un ciclista se deja la piel ayudando a un compañero de su equipo a ganar y sufre por él hasta que su cuerpo le dice ‘basta’. Se sacrifica diariamente no para ganar él, sino para ayudar a un compañero, lo que choca con esta sociedad tan egoísta en la que vivimos…

Un ciclista tiene una fortaleza mental digna de tener en cuenta. Algunos son más pesimistas y débiles que otros, pero todos son capaces de reponerse de las decepciones a las que están expuestos: una lesión, no rendir lo esperado en los objetivos marcados, una caída o un pinchazo que echa al traste la preparación de muchos meses, etc. Mientras se cae, ya está pensando en cómo levantarse.

Un ciclista establece una relación con el dolor y el sufrimiento que poco tiene que ver con esta sociedad tan cómoda y acomodada que incluso encarga los churros del desayuno por Internet para no moverse de casa…

Un ciclista aprende a dar mucho y a recibir poco (por lo general, durante la temporada son más los días malos que los realmente buenos) y sabe ser feliz con un plato de espaguetis.

No cuento nada nuevo, lo sé. Pero es que últimamente, cuando se habla de ciclismo y de ciclistas, se da una imagen que nada tiene que ver con estas cosas: se convierte al ciclista en un delincuente a ojos de la sociedad y se olvida todo lo que acabo de describir. Incluso es necesario que los propios ciclistas nos acordemos de vez en cuando de todas estas cosas para no caer en el error, como nos ha pasado a muchos en las últimas semanas, de sentirnos incómodos cuando alguien nos preguntaba a qué nos dedicamos. Al igual que muchos compañeros, durante unos días me olvidé de lo que me había costado llegar hasta aquí y de lo que suponía ser ciclista. Parecía que ya no podía sentirme orgulloso de mi profesión porque me sentía señalado y cuestionado por muchas personas. Pero ahora pienso: ¿por qué? No puedo –ni podemos– consentir que la ignorancia y el sensacionalismo de muchos ensombrezcan el trabajo y el esfuerzo de tantos años. No tengo por qué ser víctima de la generalización ni tolerar que ningún periódico nos tache a mí y a mis compañeros como ‘deshonra’.

Con estas líneas no pretendo hacerme la víctima ni buscar ningún enemigo en ningún medio de comunicación. Lo único que pido es que antes de juzgar de manera generalizada, se reflexione. Que no se dé la imagen interesada de nosotros, sino la verdadera. Que se diga toda la verdad, no sólo la que más interesa, la que más vende y la que más morbo da. Que se tenga en cuenta que hablar es gratis, pero que ciertos comentarios pueden hacer daño a gente que no lo merece. Que si un futbolista da positivo y la prensa sale enseguida a defenderle (“¿cómo va a doparse si es tan buena persona?”, decían muchos periodistas), también se respete nuestra presunción de inocencia (¿se ha parado alguien a pensar si somos buenas personas o no?). Que no se busquen coincidencias absurdas para manchar más a este deporte, como la que escuché recientemente en la radio, cuando se relacionaba a mi compañero Vinokourov con el polémico médico por el simple hecho de entrenar en altura en Tenerife (¿es más importante buscar ese tipo de casualidades estúpidas que dedicar un poco de tiempo a explicar los beneficios del entrenamiento en altura?).

En definitiva, que no nos olvidemos de que la sociedad del siglo XXI es la sociedad del estrés, en la que nadie tiene tiempo para nada, y mucho menos para verificar toda la información que le llega a sus manos y oídos, por lo que acabará dando por bueno lo primero que lea u oiga, sea cierto o no, esté contrastado o no.

Carlos Abellán (Ciclista del equipo Astana)